Mi abuela siempre decía "lo que abunda no daña", y con esa frase se podía justificar casi cualquier exceso, aunque si uno lo piensa bien, los excesos no son nada bueno, ni siquiera esos que llamamos de "amor" o "protección" que no hacen más que coartar la libertad del otro. Este tema me hizo recordar mi pasaje por la vida virtual en los foros.
Hace un tiempo cuando estaba obnubilada con mi casamiento, tuve la buena idea (en aquel momento fue buena, mirándolo en perspectiva, salvo excepciones, fue una de las peores de mi vida) de suscribirme en un foro de novias que prefiero no citar. Al principio todo fue rosas, un montón de "locas" como yo, que nos casábamos el mismo mes y algunas hasta el mismo día! Compartíamos preparativos, tarjetas, ajuar, peleas con amigas, rencillas familiares, de todo, pero (siempre hay un pero) llegó el día del casamiento, y así como nos hicimos "super amigas" pasamos a ser perfectas desconocidas... Algunas nos reagrupamos en ese interés lejano o cercano de formar una familia. Otro comienzo color de rosas, cuánto duró, lo mismo que la esencia de una flor en la tormenta (por no ponerme procaz). Al principio nos contábamos todo, chateábamos horas (¿ninguna trabajaba? Sí, todas, pero siempre encontrábamos el momento para charlar y pasar el rato). Es cierto que los amigos son las personas afines que uno elige para que lo acompañen en la vida, y es muy difícil encontrar en esta "virtualidad" esa afinidad. Así que de ser un grupo numeroso, se fue achicando poco a poco y me empecé a sentir como en el juego de la silla, esperando en cualquier momento quedarme sin asiento. Las exigencias para pertenecer parecían ser cada vez mayores y tener una opinión distinta era motivo de enojo de algunas (mi marido tiene razón cuando dice que las minas somos jodidas). Empecé a cuidarme de lo que contaba y de lo que no, porque empezó a aparecer ese bichito que carcome todo vínculo la "envidia". Cuidado, no lo digo porque me considere una creída que todo el mundo me envidia, pero comentar un avance o un suceso que podría generar cierta felicidad era motivo de las críticas más despiadadas al punto de que comprarse una cartera se convertía en una tarde en el banquillo de los acusado por su precio, o una entrada a un recital merecía el enojo como si esas personas las hubiesen pagado, se habían convertido en juezas de la vida ajena. No me considero una carmelita descalza, ni mucho menos, soy una mujer llena de errores como todos, pero ciertos comentarios me empezaron a incomodar. Tan enceguecida estaba considerándolas mis amigas (es cierto que por más que uno trate bien a la gente no puede esperar recibir el mismo trato aunque sería lo lógico, pero este mundo de lógico no tiene nada). Y me quedé fuera de la silla, parece que en algún momento se armaron dos bandos y yo quedé del contrario y todavía al día de hoy me pregunto el motivo. Resultó que de golpe ya no éramos tan amigas, que no había tanta confianza, que yo les "vendía un buzón de mi vida", "que mi vida no podía ser así como yo les contaba" (Estoy pensando seriamente hacerme unas remeras con esas frases porque son cuando menos, graciosas). Y es que Marga tenía razón es muy difícil darse cuenta en la virtualidad quien es el otro, hay mucho maníaco dando vuelta.. Las cosas quedaron raras desde esa charla y desde que me sacaron el "banquito" del grupo. Ay de mí! El día de osé hacerle notar a una de ellas que estaba haciendo lo mismo que me criticó dos días seguidos. Fui sentenciada a lapidación, víctima de las peores palabras y de los deseos más bajos, Ahí vi asomar la ira que es como la hermana menor de la envidia, vienen juntitas, con la intolerancia y otras yerbas, pero ya me extendí mucho, necesitaba hacer mi descargo y ya está. Me juré por lo más sagrado que iba a dar todo de mí para nunca ser como ellas. Eso sí, dejaron marca, ahora no me fío así por que sí de cualquier amigo "virtual".